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Dado que el TEAF (Trastorno del Espectro Alcohólico Fetal) es una «discapacidad invisible» que afecta el procesamiento del lenguaje y la regulación emocional, la comunicación debe enfocarse en la conexión antes que en la corrección.
A continuación detallamos algunas estrategias:
Marga Muñiz Aguilar
Marga Muñiz Aguilar
A principios de año muchas personas hacen planes para cambiar cosas en sus vidas, aunque según un estudio de la Universidad de Scranton en Pennsylvania, el 91% de las personas fracasan en su intento.
Una de las razones radica en no diferenciar entre un deseo y un compromiso.
El Deseo es una esperanza o anhelo de que algo suceda, a menudo sin un camino claro para lograrlo. Es pasivo y a veces surge de lo que es socialmente aceptable en lugar de una necesidad interna. Se centra en el resultado final (ej. «quiero ser bilingüe») pero ignora el proceso necesario para llegar allí. Suele ser efímero; si no se cumple por «magia» o suerte, tiende a abandonarse rápidamente.
El Propósito, en cambio, es una determinación firme de realizar una acción o cambio, fundamentada en un «para qué» profundo. Involucra un plan de acción concreto y pasos específicos (objetivos) para ser alcanzado. Se centra en el compromiso y la disciplina diaria, aceptando que el cambio requiere esfuerzo y consistencia. Se fortalece con el tiempo si hay constancia, transformándose en hábitos a largo plazo.
| Característica | Deseo | Propósito |
| Acción | Pasiva (esperar) | Activa (hacer) |
| Planificación | Inexistente o vaga | Detallada y realista |
| Compromiso | Bajo (depende de la motivación) | Alto (depende de la disciplina) |
| Origen | Emoción o impulso | Reflexión y valores internos |
En conclusión, si quieres que un deseo se convierta en propósito este 2026, es fundamental definir metas pequeñas, establecer un calendario de trabajo y actuar con consistencia incluso cuando la motivación inicial disminuya.
Veamos un ejemplo: Mejorar tu bienestar digital.
Consiste en establecer límites claros con la tecnología para recuperar tiempo y reducir el estrés. Puedes empezar con acciones concretas como:
Para ayudarte a gestionar mejor tu tiempo, puedes usar herramientas como Google Calendar para bloquear espacios de «tiempo profundo» o descargar aplicaciones de enfoque.
Si todo esto es fundamental en el caso de personas adultas, lo es igualmente para los menores, adolescentes y jóvenes que han sufrido Adversidad en la Infancia Temprana. No podemos esperar cambios en nuestros hijos en este nuevo año si no les enseñamos la diferencia entre tener un deseo y tener un propósito.
Evidentemente, sus casos van a ser más complicados porque generalmente tienen habilidades cognitivas deficitarias, como las Funciones Ejecutivas, pero con un entrenamiento sistemático y consistente se pueden conseguir más objetivos que si solamente son buenos deseos.
Recuerda que si quieres conseguir cambios en 2026 tienes que hacer algo diferente para no formar parte de ese 91% de personas que se proponen objetivos para el nuevo año pero no los consiguen.


Las Prácticas Restaurativas aplicadas al ámbito educativo hacen referencia a enfoques y metodologías diseñadas para construir, mantener y reparar relaciones dentro de los centros educativos. Estas prácticas se basan en principios de justicia restaurativa y tienen como objetivo fomentar un entorno de respeto mutuo, responsabilidad y cohesión social.
Las Prácticas Restaurativas son herramientas que se usan tanto para evitar tensiones y conflictos, como para resolverlos. Promueven la reparación del daño y la restauración de las relaciones, así como el fortalecimiento del capital social de una comunidad. Aunque se empezaron a usar en la justicia penal, actualmente se aplican en centros educativos, en centros residenciales del sistema de Protección de Menores, en el ámbito familiar, laboral, comunitario, etc.
Habitualmente, la palabra “conflicto” es entendida en un sentido negativo y se suele asociar con “violencia”. Sin embargo, no toda violencia es expresión de un conflicto, ni tampoco todos los conflictos generan expresiones violentas.
Se podría decir que, en último término, la violencia es la negación del conflicto, en la medida que pretende eliminar las diferencias e imponer una falsa solución por la fuerza. Cuando el conflicto no se afronta, ni se dan los pasos para resolverlo por cauces pacíficos, se desencadena una dinámica de incomunicación, desconfianza mutua, temores y prejuicios que puede culminar en episodios de violencia.
Sin embargo, cuando afrontamos el conflicto por medios pacíficos, el conflicto mismo y todo el proceso que conduce a su resolución suponen una oportunidad para nuestro crecimiento como personas y como sociedad. Por tanto, no hay que ver el conflicto únicamente como una crisis sino también como una oportunidad de aprendizaje, crecimiento y transformación.
Las Prácticas Restaurativas surgen inicialmente, al igual que las punitivas, de la justicia penal y se aplican, igualmente, en el ámbito familiar, educativo, etc.
En el abordaje retributivo o punitivo, el Estado lo que hace cuando sanciona los delitos o los comportamientos dañinos es proporcionar dolor de manera deliberada al responsable del comportamiento inadecuado, con el fin de que en el futuro se abstenga de tales conductas, al mismo tiempo que sirve de medida ejemplarizante para quienes pretendan cometer tales acciones. En el lenguaje jurídico se habla de dosificación punitiva, es decir, qué dosis de castigo merece la persona por cada daño provocado. De ahí que se hable de justicia retributiva, donde un juez, de manera vertical, impone un castigo o retribución en función de la gravedad del daño provocado por el delito cometido. En definitiva, se trata de proporcionar dolor de manera deliberada a la persona que ha provocado algún tipo de dolor a otra persona y ha defraudado, de esta forma, las expectativas de la sociedad.
Este mismo concepto es el que está detrás del método de sanciones o castigos dentro del ámbito familiar, educativo, comunitario, etc.
Las Prácticas Restaurativas, por el contrario, son una serie de técnicas y estrategias que se utilizan para resolver conflictos y problemas de convivencia, enfocándose, no en el ofensor, y por lo tanto, en el castigo, sino en la víctima, buscando la forma de restaurar el daño provocado y fortaleciendo el sentimiento de pertenencia.
El enfoque restaurativo ayuda a reflexionar sobre el impacto de las acciones propias en los demás. Se centra en la responsabilidad, reparar el daño causado y sanar las relaciones. Es un enfoque de los conflictos que trasciende la estrategia tradicional que se basa únicamente en la imposición de sanciones.
Resumiendo, podemos decir que las prácticas retributivas buscan penalizar y “dar ejemplo”, estigmatizan al culpable, se centran en el pasado, a veces son arbitrarias, causan dolor, promueven la sumisión en vez de la responsabilidad, son un recurso fácil y rápido, pero no suelen generar cambios permanentes en la conducta y generalmente empeoran las relaciones.
Por el contrario, las prácticas restaurativas buscan reparar y recuperar el bienestar, aceptar a la persona y rechazar la conducta, mirar al presente y al futuro. Se centran en favorecer el bienestar, promover la responsabilidad, la implicación y el compromiso. Es un proceso que exige tiempo pero impulsa el cambio deseado.

La desesperanza es una sensación que nos provocan los pensamientos del tipo “no hay nada que yo pueda hacer”, “para qué intentarlo si sé que no saldrá bien”.
La desesperanza no es decepción ni desesperación. La decepción es la percepción de una expectativa defraudada, y la desesperación es la pérdida de la paciencia y de la paz, un estado ansioso, angustiante, que hace al futuro una posibilidad atemorizante.
La desesperanza es la percepción de una imposibilidad de lograr cualquier cosa, la idea de que no hay nada que hacer, ni ahora ni nunca, lo que plantea una resignación forzada y el abandono de cualquier posibilidad de cambio.
La desesperanza puede aparecer también en forma de apatía. Se trata de un estado de indiferencia, en el que un individuo no responde a aspectos de la vida emocional, social o física.
Se sabe que ciertas sustancias químicas causan síntomas asociados con o desencadenantes de la apatía. La ausencia de dopamina en el cerebro puede ser una de las causas de la apatía.
– Baja autoestima.
– Vivencia de situaciones adversas o negativas que no se han sabido gestionar, integrar y/o procesar de la manera adecuada. Es lo que se conoce como desesperanza aprendida.
Ejemplo de desesperanza aprendida
Los participantes de un estudio se dividieron en tres grupos:
– Un grupo fue sometido a un ruido fuerte y desagradable, pero pudo terminar el ruido presionando un botón cuatro veces.
– El segundo grupo fue sometido al mismo ruido, pero el botón no funcionaba.
– El tercer grupo no se sometió ningún ruido.
Al exponerlos de nuevo a otra situación similar, aquellos que no tenían un control sobre el ruido ni siquiera intentaron apagar el ruido, mientras que el resto descubrieron cómo apagar el ruido muy rápidamente.
Estrategias para superar la desesperanza aprendida
– Explorar el origen de la indefensión aprendida: Saber de dónde surge esta conducta aprendida ayuda a superar los sentimientos de pasividad ante los hechos.
– Encontrar esa zonas, áreas y aspectos concretos de su vida de las que sí tiene el control y que sea consciente de los resultados.
-Llevar a cabo ciertas conductas en las que no va a fallar y no hay posibilidad de error.
-Reforzar la autoestima.
-Modificar su lenguaje negativo interior y ciertos pensamientos nada realistas e irracionales.
-Establecer y marcar ciertas metas y objetivos fáciles de alcanzar e ir incrementando poco a poco y según se vayan consiguiendo la complejidad de ellos.
-Hacer una lista con todos los logros conseguidos y de las situaciones que la persona haya vivido y que hayan sido consecuencia de su iniciativa, esfuerzo y sus recursos.
El objetivo es encontrar formas de ir ganando capacidades de control en las persona que han pasado por alguna experiencia que les haya hecho perder el control de su vida y eso les haya dejado la creencia que las cosas son así y no hay nada que hacer.
Marga Muñiz Aguilar

Muchos estudiantes que han sufrido en el pasado Adversidad en la Infancia Temprana o que en la actualidad están sufriendo algún tipo de bullying, o alguna forma de fracaso escolar, empiezan el nuevo curso escolar sin ilusión, sin interés, sin motivación, con mucha ansiedad, con estrés, depresivos… En ocasiones se debe a lo que se conoce como Indefensión Aprendida. Comprender este fenómeno es fundamental para desarrollar estrategias efectivas que les ayuden a superar estas situaciones.
La Indefensión Aprendida es un fenómeno psicológico en el que un individuo, después de estar expuesto repetidamente a situaciones aversivas que percibe como incontrolables, llega a creer que no tiene poder para cambiar su situación, incluso cuando sí podría hacerlo.
Se caracteriza por varios aspectos que impactan tanto el comportamiento como el estado emocional y cognitivo de una persona. A continuación se detallan las principales características:
Marga Muñiz Aguilar