CUANDO EL APRENDIZAJE SE COMPLICA

Cuando el aprendizaje se complica hacen falta diagnósticos que expliquen los motivos por los que se hace más difícil de lo habitual aprender para algunos alumnos y alumnas que han sufrido adversidad en la infancia temprana. También hacen falta estrategias y herramientas que ayuden a los profesionales a enseñar de manera adecuada a estos estudiantes. Sin embargo, dos de los diagnósticos que explican las dificultades de estos menores están infradiagnósticados y uno está sobrediagnosticado, con lo cual, muchos de estos alumnos, y sus familias, sufren problemas de todo tipo durante su escolaridad.

Este fue el tema tratado en una ponencia en los XVIII Cursos Internacionales de Verano-Otoño de la Universidad de Extremadura, a los que fui invitada por Afadex. Ahora se encuentra disponible para todas aquellas personas que no pudieron asistir en su momento.

Lo podéis ver en el siguiente enlace.

CÓMO AFECTA AL PRESENTE HABER VIVIDO EN EL PASADO EN UN ORFANATO

La especie humana es altricial, es decir, que los humanos al nacer somos vulnerables e inmaduros y necesitamos un largo tiempo de desarrollo para sobrevivir por nuestra propia cuenta.

Las crías de los seres humanos necesitan durante mucho tiempo cuidados, vigilancia y atención de los adultos de la especie. El periodo entre el nacimiento y el momento en que el bebé ya se desplaza por su propia cuenta se llama exterogestación o gestación extrauterina. Se trata de los segundos nueve meses de gestación de un bebé. El contacto con un cuidador principal durante estos primeros meses de vida son los que favorecen en el bebé la regulación del desarrollo de sus sistemas aún inmaduros al nacer.

La cría de la especie humana nace con un cerebro muy poco desarrollado. Otros órganos como el corazón o los pulmones ya han completado su desarrollo en el momento de nacer, pero el cerebro acabará de crecer y madurar fuera del útero.

En el momento del parto el cerebro tiene solamente el 25% del tamaño que tendrá en la edad adulta y aunque nace con todas las neuronas, el cerebro establece pocas conexiones, ya que eso será fruto de lo que se conoce como el «cableado cerebral», que ocurre en los primeros años de vida, gracias a las interacciones con el entorno, cuando se alcanzan 1.000 billones de conexiones neuronales, la mayor en toda la vida del ser humano.

Cubrir las necesidades del bebé en esa etapa es fundamental para su posterior desarrollo físico, afectivo, neurológico, sensorial, etc. Esta etapa es tan importante como la etapa intrauterina. De hecho, es su continuación. Por ello, las experiencias vividas en los primeros meses de vida son claves para el desarrollo del cerebro. Todo lo que viva y los cuidados que reciba modelaran en gran medida su vida futura. Si se ha sentido cuidado y atendido, se sentirá confiado para salir y explorar el mundo que le rodea.

Pero, ¿y si no ha sido así? ¿Y si ha estado en un orfanato? ¿Y si ha sufrido negligencia, maltrato o alguna forma de adversidad en su infancia temprana?

Observa en el siguiente vídeo qué ocurre cuando un bebé no recibe afecto, estimulación, interacción, etc.

El experimento de la cara inexpresiva

En 1978, Edward Tronick, profesor de la Universidad de Harvard, describió un fenómeno en el cual un bebé después de tres minutos de una infructuosa «interacción» con una madre poco responsiva y sin expresiones faciales rápidamente entraba en un estado de ansiedad.

El bebé hacía intentos por tener una interacción recíproca y sus conductas se encaminaban a obtener una respuesta de su madre. Cuando todos sus intentos fallaban, el bebé se retraía y orientaba su cara y su cuerpo hacia otra dirección.

Este sencillo experimento nos ofrece información muy valiosa acerca de la necesidad de interacción social de los bebés y el papel que esto juega en su bienestar emocional, mostrando la capacidad que tienen de leer señales de los cuidadores principales, siendo extremadamente sensible a los patrones de relación que reciben de su entorno.

Los intentos del bebé de obtener reciprocidad en la interacción con su madre sugiere, además, que los bebés tienen la capacidad de planificar y ejecutar sus conductas para alcanzar su meta: ser atendidos.

En el experimento se pidió a las madres que miraran a sus bebés, pero que mostraran una expresión neutra, que no movieran el rostro y que no les respondieran a través de juegos y carantoñas.

Los bebés, poco acostumbrados a esta falta de respuestas por parte de sus madres, trataron varias veces de iniciar ellos mismo la comunicación, haciendo gestos, moviendo los brazos y, en definitiva, tratando de llamar la atención de sus madres.

Antes de acabar llorando por la falta de respuestas de sus madres, los bebés probaron un promedio de cuatro estrategias diferentes, sin obtener respuestas, por lo que terminaron por enfadarse y desistir.

En el caso de bebés con madres depresivas, durante el embarazo puede provocar efectos negativos en el feto, como una elevación del nivel de cortisol, alteraciones en el funcionamiento hipofisario-suprarrenal y del sistema de endorfinas, mayor frecuencia de prematurez, menos peso al nacer y menor grado de actividad fetal.

Una vez nacidos, cuando se enfrentan a un largo tiempo sin recibir estímulos y respuestas, la investigadora Tiffany Field descubrió que los bebés tienden a imitar la tristeza, la escasa energía, el bajo compromiso, la ira y la irritabilidad de sus madres.

En los casos más severos, si la depresión de una madre sigue durante un año o más, su bebé comenzará a mostrar retrasos constantes en el crecimiento.

Cuando, además, hay negligencia y/o maltrato, según Tronick, cambia la estructura del cerebro en sí, de manera que el pensamiento claro, el control de las emociones y los impulsos y la formación de relaciones sociales saludables se hacen más difíciles.

Es lo que ocurre con niños que se han criado en orfanatos, donde reciben alimentos y cuidados pero donde las interacciones afectivas con juegos y diálogos son escasas o nulas. La inatención de los cuidadores provoca un aumento de la frecuencia cardíaca, un aumento de cortisol, que es la hormona del estrés, y la muerte celular en regiones claves del cerebro.

En estudios posteriores, Tronick demostró cómo bebés de cuatro meses expuestos a este experimento lo recordaban dos semanas después, mostrando cambios fisiológicos a las respuestas negativas, algo que no sufrían los bebes expuestos por primera vez al experimento.

Es importante, por tanto, tener en cuenta todos estos factores cuando trabajamos con niños, adolescentes o jóvenes con problemas de conducta, ya que probablemente fueron bebés con poca o nula conexión emocional con sus cuidadores principales.

Es por esta razón que no suele funcionar con ellos los abordajes conductictas de premios y castigos, ya que les faltan las habilidades cognitivas necesarias para tener interacciones positivas, interacciones  cuyos cimientos se tendrían que haber forjado cuando eran bebés.

Un abordaje de los problemas de conducta de estos menores, adolescentes o jóvenes, basado en la empatía y el entrenamiento de las habilidades cognitivas deficitarias se muestra como un medio más eficaz para generar el cambio deseado, ya que no se sienten enjuiciados y rechazados, sino aceptados, reconocidos y valorados a pesar de las conductas disruptivas que puedan presentar.

Es, pues, muy importante tener presente los resultados del experimento de Tronick para no ser injustamente punitivos con aquellos menores que sufrieron algún tipo de adversidad en la infancia temprana y que les dificulta tener conductas adaptativas en las circunstancias actuales.

Marga Muñiz Aguilar

TU HISTORIA NO EMPEZÓ CUANDO NACISTE

feto

Tu historia empezó realmente nueve meses antes de nacer.

Antes de que respiraras por primera vez, tu apariencia y gran parte de tu comportamiento «instintivo» estaban ya formados.

La manera en la que te desarrollaste durante nueve meses, pasando de ser una célula microscópica a un bebé, contribuyó a que seas lo que eres hoy en día.

¿Cómo?

Vamos al puro principio…

0 días

El precioso óvulo que se convirtió en ti estuvo guardado dentro de los ovarios de tu madre durante décadas. Cuando llegó el momento, subió a la superficie para madurar.

Apenas estaba maduro, fue liberado y flotó hacia la apertura de las trompas de Falopio.

espermatozoide entra.
 

Los espermatozoides, a su vez, se lanzaron en una carrera en la que sólo podía haber un ganador. Los competidores cruzaron la nube de células que rodeaban el óvulo y trataron de insertarse en él.

Finalmente, uno de los 250 millones de los espermatozoides de tu papá que logró sortear un largo y riesgoso camino, atravesó la suave membrana: este fue un momento crítico para el óvulo, pues si otro espermatozoide hubiera entrado, no habría sobrevivido.

Para protegerse, unos gránulos diminutos detonaron para endurecer la membrana e hicieron que el óvulo fuera impenetrable.

Una nueva vida se empezó a forjar.

Tu prototipo se decidió desde la primera célula: el espermatozoide victorioso determinó tu género. Si contenía un cromosoma X, eres mujer; si era Y, eres hombre.

El esperma de tu padre combinado con el óvulo de tu madre crearon una nueva colección de genes. Los efectos de estos actuaron en el vientre durante nueve meses para hacer un nuevo ser humano único: tú.

Seis días: sobreviviste a la primera ronda

ovulo

En cuestión de horas, la célula que está dentro del óvulo se divide en dos. Esas dos, en cuatro, ocho, 16…

A los seis días, cuando eras apenas un manojo de células, enfrentaste una prueba decisiva.

Ya habías sido transferido al vientre de tu madre para que siguieras desarrollándote, pero ahora necesitabas implantarte en el revestimiento de la matriz. No obstante, los estándares de las madres son altos: el embrión tiene que estar saludable para que valga la pena nutrirlo durante nueve meses.

Alrededor del 70% de los embriones no superan esta etapa y se pierden, con frecuencia antes de que sus madres sepan que existen.

En tu caso, tus células liberaron una señal química que demostró que se estaban desarrollando apropiadamente.

Cuatro semanas: ¡esa carita!

Tras cuatro semanas, tu cuerpo y tus extremidades empezaban a tomar forma y tus características más reconocibles estaban a punto de moldearse.

feto

La misma estructura, pero nunca las mismas caras.

Para tu rostro, 14 estructuras diferentes se unieron e hicieron un andamio para unas intricadas capas de tejidos.

Todas las caras humanas tienen las mismas estructuras, pero no hay dos rostros exactamente iguales. Eso es debido a que hay muchas variables en juego.

Una de las razones por las que nos vemos tan distintos puede ser que los genes que crean tu rostro se activan y desactivan en diferentes ocasiones, y mucho depende del momento preciso en el que lo hicieron durante este proceso.

Los científicos piensan que puede haber cientos de ‘interruptores’ en tu ADN que cuidadosa y sutilmente coreografiaron la formación de tus facciones.

Es uno de los procesos más complicados de los que ocurren en el útero.

Apenas hace cuatro semanas, el embrión era del tamaño de la pepita de una manzana. Luego, los genes heredados de nuestros antiguos ancestros del mar se encendieron y crearon estructuras similares a las agallas llamadas arcos branquiales.

Estos se tornaron en parte de tus oídos, mandíbulas y garganta.

La parte final de la formación de la cara ocurre más o menos a las ocho semanas.

11 semanas: ¿de derecha o de izquierda?

A las ocho semanas te graduaste de embrión a feto.

A las 11 semanas, tus extremidades ya estaban formadas, y empezaste a moverlas y a estirarlas.

Además, empezaste a preferir un lado sobre el otro. Posiblemente empezaste a estirar un brazo más que el otro, o a chuparte un dedo en particular.

Zurda

Nueve de cada diez fetos son diestros, el otro escoge la izquierda y menos del 1% son ambidiestros.

Se piensa que tu preferencia también se debe en su mayor parte a los genes.

Sabemos que la proporción de zurdos no ha cambiado en los últimos 10.000 años pues el 10% de las herramientas halladas por los arqueólogos son para zurdos.

Pero, ¿por qué será que no han desaparecido por selección natural, en un mundo tan dominado por los diestros?

Parece plausible que en el pasado, cuando las batallas entre las tribus se luchaban cuerpo a cuerpo, los zurdos tenían una ventaja, pues sus movimientos y sus ángulos eran distintos. Así, tenían más posibilidades de sobrevivir y pasar sus atributos a la siguiente generación.

12 semanas: una huella digital en 7.000 millones

A medida que continuabas moviéndote en el vientre, otros de tus rasgos se formaron.

Las capas de la piel que cubrían tus dedos se empezaron a arrugar por el contacto con el líquido amniótico que las rodeaba.

Esta interacción con el ambiente que te rodeaba ayudó a moldear una combinación única de arcos, espiras y rizos en las yemas de tus dedos.

Incluso los gemelos idénticos desarrollan patrones sutilmente diferentes.

Cuando cumpliste 17 semanas, ya tenías un set de 10 huellas digitales que te distinguen de las otras 7.000 millones de personas en el mundo.

Aunque hay unos que se distinguen quizás aún más por lo contrario.

Cheryl

Cheryl, su dedo y su huella.

Para las autoridades, esta mujer es invisible. Ha confundido los sistemas de seguridad más sofisticados del planeta. Cheryl es una de un diminuto grupo de personas que nacen sin huellas digitales.

Sólo tiene unas pocas y pequeñas arruguitas en la punta de sus dedos. Es un trastorno realmente extraño, conocido como adermatoglifia.

14 semanas: ¿qué tipo de pareja te iba a atraer?

olorCuriosamente, puede ser que haya olores que no nos atraen por ser muy similares a los nuestros.

A medida que tu cuerpo iba tomando forma, también ibas desarrollando un sistema inmunitario distintivo.

A las 14 semanas estabas produciendo los antígenos leucocitarios humanos (HLA, por sus siglas en inglés), que le ayudan al sistema inmunitario a reconocer las bacterias y los virus.

Hay miles de combinaciones posibles de HLA y tú heredaste las tuyas de tus padres.

Hay una teoría que indica que las proteínas HLA determinan el aroma que despedimos para que lo huelan el resto de los adultos, y que escogemos nuestras parejas sexuales con HLA, y por ende un olor, muy diferente al nuestro.

Eso indicaría que los padres quizás elijan sin saberlo a parejas que tengan defensas distintas a las de ellos para así crear hijos más resistentes a las infecciones.

De manera que el sistema inmunitario que desarrollaste antes de nacer pudo haber tenido algunos efectos sorprendentes más tarde en tu vida.

15 semanas: ¿cuán masculino es tu cerebro?

manos

La clave está en los dedos…

Ya tenías genitales femeninos o masculinos, determinados por la cantidad de testosterona que recibiste a las ocho semanas.

Una segunda dosis contribuyó a moldear tu cerebro.

A partir de las 15 semanas, los fetos femeninos reciben una dosis de testosterona de su mamá y su glándula suprarrenal. Pero esta es notablemente más baja que la que producen los testículos para los fetos masculinos.

Esta fuerte dosis de la hormona coincide con el momento en el que se están organizando las partes de nuestro cerebro que conforman la personalidad, de manera que los efectos de la testosterona pueden ser significativos.

Se piensa que la exposición a altos niveles de testosterona contribuye a adquirir conductas «más masculinas», como ser más arriesgado.

Curiosamente, quienes reciben más testosterona en el vientre tienen el dedo anular más largo que el dedo índice.

27 semanas: viste el mundo a tu manera

Superluna
Es ahora que se determina cuántos y cuán vívidos verás los colores.

A las 28 semanas, tu cuerpo y tu cerebro estaban bien desarrollados, así que casi estabas listo para enfrentar el mundo.

Ya tenías dos ojos revestidos de células cónicas detectoras de color, y se estaban produciendo los pigmentos que podrían distinguir longitudes de ondas corta (azul), media (verdes) o larga (rojas) de luz.

La mayoría de las personas pueden detectar 10 millones de colores distintos cuando nacen. Pero el 8% de los hombres y el 0,5% de las mujeres nacen daltónicos, sin todos los pigmentos necesarios.

Algunas personas nacen con un cuarto tipo de pigmento que detecta longitudes de onda entre rojo y verde, por lo que ven los colores más vivos.

37 semanas y más: la recta final

feto

¿Listo para salir al mundo?

Durante nueve meses pasaste de ser una célula a más o menos un billón de células.

Tu tamaño al nacer dependió de muchas cosas, incluyendo tu raza, género y genes.

Sin embargo, factores externos, como la dieta de tu madre, sus niveles de estrés y el que fumara o no, jugaron un papel en ello.

Una idea que está tomando fuerza es que el ambiente en el vientre de tu madre podría haber cambiado los marcadores químicos de tu ADN que controlan la manera en la que tus genes fueron encendidos y apagados a medida que crecías.

Y la evidencia indica que tu peso al nacer puede impactar en algunos aspectos de tu salud más tarde, como tu índice de masa corporal, el riesgo de diabetes y desempeño cognitivo.

Definitivamente, el tiempo que pasaste en el vientre te dejó una marca duradera.

Fuente: BBC iWonder

CONECTAD@S

 

Estamos en la era de la comunicación. A través de las redes sociales estamos informados al segundo de lo que están haciendo en cada momento las personas que conocemos. Tenemos noticias al minuto de cualquier cosa que ocurra al otro lado del globo terráqueo. Existe la posibilidad de comunicarse no sólo a través de la voz, sino también de la imagen, con cualquier persona  del mundo, esté donde esté.

Y, sin embargo, a veces nos sentimos solos, inseguros, sin saber qué hacer o cómo gestionar una situación determinada. Esto ocurre con más frecuencia cuando tenemos hijos o hijas con alguna dificultad poco entendida por los demás y puede que también por nosotros mismos. O puede que sí la entendamos pero nos sentimos cansados, agotados, exhaustos por tener tantos frentes abiertos. A veces también lo estamos porque dentro de la misma pareja o de la familia, se ven las cosas de manera diferente y piensan que nos estamos equivocando con el enfoque que estamos dando a la situación.

Conscientes de estas realidades y aprovechando las oportunidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías, desde Tolerancia Cero queremos empezar el nuevo año con nuevas propuestas, con nuevas ideas, con alternativas para crear una comunidad donde todas las personas se sientan que son una parte importante de la misma de manera que todos salgamos fortalecidos para obtener mejores resultados entre todos y para todos.

En el libro La biología de la creencia, su autor, Bruce Lipton, biólogo especializado en células madre, que impartió clases de Biología Celular en la Facultad de Medicina de la Universidad de Wisconsin y más tarde llevó a cabo estudios de Epigenetica en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, por una serie de vicisitudes personales cuenta en su libro que terminó enseñando en la Facultad de Medicina de una pequeña isla del Caribe.

Para los estudiantes, esta isla era la última oportunidad de cumplir su sueño de convertirse en médicos. Se trataba de un grupo variopinto de distintas razas y edades: antiguos maestros de escuela, músicos, contables, una monja e incluso un narcotraficante. Pero todos tenían dos rasgos en común: Ninguno había conseguido superar el competitivo sistema de selección para entrar en una de las facultades de la costa este de Norteamérica y todos eran grandes luchadores empeñados en sacar su título de medicina a toda costa.

Lipton les dejó claro que no iba a esperar menos de ellos que de sus antiguos alumnos en Wisconsin, pero que estaba dispuesto a ayudarles para que consiguieran su sueño. Les explicó que las células pueden sobrevivir sin ayuda pero que buscan activamente entornos que permitan su supervivencia y evitan los que les resultan hostiles o tóxicos. Los estudiantes dejaron la mentalidad de que sólo los más aptos sobreviven y se agruparon en una fuerza única: los más fuertes ayudaron a los más débiles y, de esta forma, todos se volvieron más fuertes. Al final hubo una recompensa porque en el examen final no hubo ninguna diferencia entre estos alumnos «rechazados»  que habían terminado en aquella pequeña isla del Caribe y los alumnos, «más capaces», de la élite de la costa este de Estados Unidos. Según Lipton buena parte del éxito se debió a que sus alumnos, en lugar de imitar el estilo competitivo de esos estudiantes, imitaron el comportamiento de las células, que se unen y cooperan para formar grupos más fuertes e inteligentes.

Y esa es nuestra propuesta: unirnos y cooperar a través de las nuevas tecnologías para fortalecernos unos a otros y poder alcanzar nuevas metas. Cada semana los socios y socias de Tolerancia Cero podrán exponer sus dudas y preguntas, compartir sus preocupaciones o sus alegrías, intercambiar herramientas y recursos, etc. a través de whatsApp. Se puede enviar por escrito o como mensaje de voz, preferentemente por este último medio. Cada socio/a recibirá semanalmente por whatsApp un enlace desde donde podrá escuchar las preguntas, respuestas, comentarios, aportaciones, etc., así como  algún tipo de pensamiento o reflexión que nos ayude en nuestro crecimiento personal. Todo estará coordinado por Marga Muñiz Aguilar.

Si todavía no eres socio/a y quieres participar en esta interesante experiencia, puedes entrar en el siguiente enlace y rellenar el formulario: https://toleranciacero.org.es/web/hazte-socioa/

¡Os esperamos!

 

 

VÍDEO DE LA PRIMERA SESIÓN DE LAS II JORNADAS VIRTUALES DE TEAF

Ayer, día 22 de Noviembre se celebró la primera sesión de las II Jornadas Virtuales de TEAF. Fue una sesión muy interesante, ilustrativa y didáctica sobre los criterios diagnósticos y las valoraciones neuropsicológicas de aquellos menores, adolescentes y jóvenes que sufrieron durante su gestación los efectos del consumo de alcohol. Creo que pocas veces se ha hablado tan alto y tan claro sobre las consecuencias tan nefastas de dicho consumo.

En la sesión del día 29 contestaremos a la pregunta que surge después de recibir el diagnóstico:

¿Y ahora qué?

Desde Tolerancia Cero queremos dar las gracias a todos los profesionales que participaron en la difusión de este tema tan importante para que las personas afectadas reciban los diagnósticos adecuados y  las ayudas, herramientas y recursos necesarios para gestionar las dificultades que provoca el consumo de alcohol durante el embarazo.

o.

https://www.youtube.com/watch?v=Li3JbgwQJ6k

II JORNADAS VIRTUALES DE TEAF

Por segundo año consecutivo organizamos en colaboración con la Escuela de Familias Adoptivas, Acogedoras y Colaboradoras y la Escuela de Salud Pública las II Jornadas Virtuales de Teaf.

Durante el embarazo, el embrión y el feto se desarrollan en el útero materno y están expuestos a todas las sustancias consumidas por la madre, que le llegan a través de la placenta. El alcohol es un tóxico que afecta principalmente al sistema nervioso central, pero también a otros órganos, ocasiona graves problemas en el desarrollo: malformaciones físicas, retraso en el crecimiento, dificultades de aprendizaje y problemas de conducta, es lo que se conoce con el nombre de Trastorno del Espectro Alcohólico Fetal (TEAF)

Los síntomas del TEAF no siempre son fáciles de identificar y catalogar, no siempre coinciden en el mismo caso ni con la misma intensidad y aparecen y evolucionan a lo largo de la vida. El TEAF no tiene cura y es irreversible (aunque cien por cien evitable) por lo que es fundamental una detección temprana para que los menores afectados se puedan beneficiar de una intervención precoz y adecuada, tanto a nivel individual, familiar como social.

Las Jornadas están dirigidas tanto a familias afectadas como a profesionales: maestros, psicólogos, pedagogos, trabajadores sociales, pediatras, neurólogos, psiquiatras, médicos de familia, jueces, abogados, fiscales y, en general, a cualquier persona interesada en este colectivo tan vulnerable de nuestra sociedad.

Puedes inscribirte en el siguiente enlace:

https://www.easp.edu.es/programadocente/Preinscripcion/?idCurso=4Wx%20E3PxZ0RNv2o01jC%2bIedMfzoNG2fWtElYAWiOMIaQ%3d