10 COSAS QUE MI HIJ@ QUERRÍA QUE YO SUPIERA

1. MI VIDA EMPEZÓ NUEVE MESES ANTES DE NACER

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Según las últimas investigaciones, el bebé antes de nacer puede ver, oír, experimentar, degustar y, de manera primitiva, aprender. Estas experiencias empiezan a definir y modelar la vida emocional del niño.

La ansiedad crónica, o una ambivalencia con respecto a la maternidad, pueden dejar una huella profunda en la personalidad del niño si, por ejemplo se siente rechazado, este sentimiento se podrá convertir en la lente a través de la que en un futuro verá la vida.

Debido a que la mayoría de los niños adoptados son el resultado de embarazos no deseados, o en circunstancias complejas, es frecuente que la tensión emocional de la madre tenga un impacto negativo en el niño: hiperactividad, déficit de atención, baja autoestima, ansiedad, problemas de conducta, etc.

2. ANTES DE QUE ME ADOPTARAIS SUFRÍ UNA PROFUNDA PÉRDIDA.NECESITO ELABORAR EL DUELO POR ESA PÉRDIDA

Tanto si adoptamos un bebé, como si adoptamos un niño mayor creemos, erróneamente, que el pasado queda atrás. La realidad es que muchos aspectos de sus pérdidas se van a manifestar en sus nuevas familias, sin importar la edad en que fueron adoptados.

A veces no es fácil reconocer las consecuencias de esas pérdidas porque no son fáciles de identificar y los niños no son capaces de elaborar mediante el lenguaje el dolor por esas pérdidas. Pero debemos estar atentos a algunas de las reacciones más frecuentes que provoca:

  • Ira
  • Tristeza
  • Resentimiento
  • Hiperactividad
  • Problemas de atención
  • Conductas regresivas
  • Pérdida de apetito
  • Problemas escolares

La elaboración de un duelo por la familia de origen consiste en acompañarlo en la expresión de los sentimientos que este conocimiento despierta en las distintas etapas de su desarrollo, ya que para elaborar un duelo es necesario expresar, poner en palabras la situación emocional vivida.

La elaboración de este duelo no se realiza en un momento concreto, sino que corresponde a un proceso gradual y continuo, según las distintas etapas evolutivas.

3. SI NO ELABORO Y SUPERO MI PÉRDIDA, PUEDE MANIFESTARSE EN FORMA DE RABIA HACIA VOSOTROS

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El mejor indicador de que un niño/a tiene una lealtad oculta hacia su madre biológica es su rechazo hacia la madre adoptiva. En este caso estaría proyectando sobre la madre adoptiva sentimientos que corresponden a la madre biológica.

La rabia es un sentimiento que no se debe reprimir. Es el síntoma de que hay algún problema que necesita confrontarse. Asegúrate de que tu hijo/a sabe que la razón por la que fue abandonado no tiene que ver con él, sino con la imposibilidad de criarlo por parte de la madre biológica.

Cuando la madre adoptiva no pretende ocupar el lugar de la madre biológica, el niño adoptado puede proyectar su rabia contra quien lo abandonó y su gratitud hacia quien la está criando.

4. TEMO HABER SIDO ABANDONADO POR MI MADRE BIOLÓGICA PORQUE NO ERA UN BUEN BEBÉ

Este sentimiento puede producir dos tipos de reacciones, debido al miedo a ser rechazado otra vez. Muchos tratan de manejar este sentimiento siendo personas complacientes: si lo hago todo bien, me querrán y no me abandonarán. Otros, siendo rebeldes: si no necesito su aprobación, entonces no me podrán herir cuando me rechacen.

Detrás de estas conductas hay un sentimiento de vergüenza por haber sido abandonado. Si no conseguimos sustituir este sentimiento por la verdad, puede vivir atemorizado toda su vida o crear un constante caos en la familia.

Si no conseguimos que supere este sentimiento de no haber sido lo suficientemente bueno, como para que su madre biológica lo conservara, su miedo a volver a ser abandonado será su compañero permanente a lo largo de la vida.

5. TENGO MIEDO DE QUE VOSOTROS TAMBIÉN ME ABANDONÉIS

El sentimiento de abandono es el primer miedo en la vida y es el origen de todo miedo posterior. En el caso de los niños adoptados no fue sólo un temor sino una realidad.

La inseguridad queda arraigada durante toda la vida, especialmente en el área de las relaciones interpersonales.

La capacidad para emprender actividades que lo llevarán hacia la realización de sus metas también queda afectada.

¿Qué podemos hacer para ayudarles?

Empatizar con ellos. Esto significa, identificarnos intelectual y emocionalmente con sus sentimientos, pensamientos y actitudes.

Enseñarles a gestionar sus sentimientos de victimización.

6. CUANDO EXPRESO MIS MIEDOS DE MANERA INADECUADA, AYUDADME CON RECURSOS PARA HACERLO MEJOR

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A los niños adoptados se les debe dar permiso para expresar sentimientos como enfado, rabia, odio, soledad, hostilidad, etc. Sin embargo, necesitan saber que estos sentimientos son permisibles, pero necesitan aprender a canalizarlos adecuadamente.

No seas permisivo ni lo disculpes. Establece límites claros. Enséñale a pensar por sí mismo. Deja que asuma las consecuencias de sus actos.

Resuelve cualquier duelo no elaborado de tu propia experiencia personal, de manera que no se te reestimule cuando tu hijo exprese esos sentimientos.  Nunca lo castigues cuando estés enfadado.  Después, asegúrate de decirle que lo quieres y que siempre te tendrá a su lado.

7. POR FAVOR, NO DIGÁIS QUE ME PAREZCO A VOSOTROS. NECESITO QUE RECONOZCÁIS NUESTRAS DIFERENCIAS Y LAS CELEBRÉIS

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Frases como ésta pueden ser percibidas por el adoptado como:

-Ser como vosotros es mejor.

-Ser tú mismo no es suficiente.

No aceptar las diferencias es una forma de rechazar sus raíces biológicas.

Los parecidos familiares dan un sentimiento de seguridad, de pertenencia. Las diferencias pueden ser una fuente de vergüenza o una invitación para conocer los lazos que le unen a su historia preadoptiva.

Celebrar las diferencias empieza con el reconocimiento de las mismas.

Así transmitimos que ser diferente no significa ser inferior, sino el fundamento para una buena autoestima.

8. EL HECHO DE QUE NO HABLE DE MI FAMILIA BIOLÓGICA NO SIGNIFICA QUE NO PIENSE EN ELLA

Muchos adoptados fantasean acerca de su familia biológica. Esto no es malo. Es una forma de aliviar el dolor de la pérdida. Si preguntamos, muchos dirán que no lo hacen.

  • Buscando una cara que le recuerde a la suya en medio de una multitud
  • Soñando con la familia feliz
  • Buscando figuras que reemplacen a los padres, por ejemplo, en las relaciones de pareja
  • Idealizando a las personas
  • Teniendo un espíritu crítico
  • Teniendo expectativas muy altas sobre sí mismo
  • Temiendo figuras de autoridad

Las fantasías pueden ser un buen mecanismo de defensa. Sin embargo, las fantasías pueden convertirse en patológicas y destructivas si provocan el aislamiento de la persona, y le impiden trabajar su sentimiento de pérdida y su dolor.

9. NECESITO SABER LA VERDAD SOBRE MIS ORÍGENES, NO IMPORTA LO DOLOROSO QUE RESULTEN LOS DETALLES

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Algunas de estas verdades pueden ser difíciles de decir y de asumir: violación, enfermedad mental, drogadicción, etc. Las preguntas deben ser respondidas con honestidad, teniendo en cuenta lo que pueden asumir.

Piensa y medita tus respuestas con anterioridad a sus preguntas. Cuando sea el momento, tu seguridad y tu serenidad le ayudará a entender que es correcto hacer preguntas y expresar los sentimientos.

Aprende a escuchar los mensajes verbales y no verbales de tu hijo. Te darán la clave para saber qué parte de la información le preocupa más. Estas cuestiones surgirán en cada etapa evolutiva de la vida y le ayudarán a crecer y a madurar.

10. AUNQUE PREGUNTE O BUSQUE A MI FAMILIA BIOLÓGICA, SIEMPRE QUERRÉ QUE SEÁIS MIS PADRES

Nuestr@ hij@ no está buscando alguien que nos reemplace. Tampoco implica que nuestra forma de ser familia no sea suficiente para el/ella. Lo que busca son respuestas a preguntas como ¿por qué me abandonaron? ¿A quién me parezco?.

Muchos adoptados esperan a que sus padres adoptivos mueran para emprender la búsqueda, por miedo a hacerles daño. Tienen una lucha interna entre su amor por los padres adoptivos y su necesidad de conocer sus orígenes.

Nuestras hijos tienen que sentirse libres de la necesidad de cuidar de nuestros sentimientos. Si su búsqueda reactiva tus propios temores de sentirte abandonado/a, busca ayuda profesional o de amigos, porque tu hij0 necesita tu ayuda para manejar lo que tiene por delante. La labor de los padres es reconocer y respetar la identidad completa de sus hijos, no pidiéndoles que renuncien a ninguna parte de sí mismos.

DOS DESEOS:

  • Me gustaría que enfatizaráis más mis potencialidades que mis carencias.
  • Algunas de las cosas que no os gustan de mí, puede que también sean vuestras y yo solo os hago de espejo. La mejor forma de ayudarme es que vosotros aprendáis a gestionarlo antes de pedirme a mí que lo haga yo.

El Taller de las Palabras

Érase una vez un Taller donde se aprendía a tejer Palabras. En ese taller también se reparaban todas aquellas que estaban rotas, heridas, mal cosidas o enredadas. Podían haber sido escritas con lápiz en un papel o podían haber sido oídas y estar grabadas a fuego en el corazón. Podían haber salido de la mano de una niña o de un niño o podían haber salido de la boca de un padre, de una madre, de una profesora o de un maestro impacientes porque no terminaban de hacerlo bien. A este taller, naturalmente, sólo llegaban las palabras que necesitaban arreglo, para eso era un taller. Seguro que estos niños y niñas sabían escribir muchas palabras con una bonita caligrafía y una ortografía perfecta. Seguro que también los adultos que estaban a su alrededor sabían decir muchas palabras hermosas, de esas que sirven de bálsamo al corazón.

Las razones por las que algunas palabras necesitaban  reparación eran muy variadas. Podía ser, por ejemplo, por una extraña ley que decía la edad a la que los niños y las niñas debían saber tejerlas bien. Era curioso que en ese país no existía ninguna ley que dijera a qué edad debían empezar a andar, a echar sus primeros dientes o a pronunciar las primeras palabras sus habitantes más pequeños,  pero sí existía una ley que decía cuándo debían aprender a tejer las palabras, y claro, algunos niños y niñas tenían su propio ritmo, que daba la casualidad que no  coincidía con el de la famosa ley.

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Para algunos pequeños tejedores el problema podía venir porque les costaba prestar atención  a lo que explicaba el maestro tejedor. No sabían por qué pero no podían estar sentados mucho rato. Se levantaban constantemente para afilar el lápiz, para recoger la goma que se les había caído o sencillamente porque no conseguían concentrarse en la tarea que estaban haciendo. Esto enfadaba mucho a todo el mundo, aunque ellos no entendieran muy bien la razón. El caso es que con tanto levantarse no “tenían asiento”, que decían los tejedores mayores, y por eso no aprendían a tejer en condiciones, con lo cual se llevaban sus buenas reprimendas. Ya les gustaría a ellos “tener asiento” y aprender, pero nada, no había manera. Lo peor era que ellos no sabían  por qué les costaba tanto estar quietos y atentos, así que a veces les entristecía que les pidieran algo que no podían hacer con la facilidad que lo hacían los demás pequeños tejedores.

También podía deberse a que estos pequeños habitantes no entendieran bien la lengua de los tejedores maestros.  Aunque hablaran esa lengua, todavía no la dominaban porque venían de países lejanos. Se habían incorporado a la escuela más tarde que el resto de sus compañeros  y por eso no estaban en igualdad de condiciones, aunque la ley de ese país decía que los pequeños habitantes que tuvieran la misma edad tenían que aprender a tejer palabras juntos y, además, hacerlos todos al mismo ritmo. Decían que era para que se sintieran iguales, pero aunque fueran tejedores muy sesudos los  del Ministerio de las Palabras y los Números, eso no sólo era un poco difícil de entender, sino, sobre todo, muy difícil de conseguir.

Así que toda esta situación provocaba no pocos problemas con los tejedores adultos, empeñados en cumplir con esas extrañas leyes. Los padres y madres, que dominaban el oficio de tejer palabras, culpaban a la escuela, y los maestros y maestras, todavía más expertos en el arte del telar, culpaban a las familias de que los pequeños no mostraran más destreza en estas labores tan fundamentales de la vida.

El caso es que unos y otros  decían cosas muy duras de oír para los aprendices de tejedores: que si no aprendían porque eran vagos,  que si era porque no prestaban atención, o lo que era peor, que no   aprendían porque no les daba la gana, porque para otras cosas eran muy listos. Esto siempre lo decían en alusión a la destreza que todos ellos mostraban para utilizar maquinas y aparatos  que a la mayoría de los adultos les resultaban difíciles de manejar.

Estos pequeños habitantes no sabían la razón por la que no tenían ningún problema con estos aparatos  y en cambio con una cosa tan sencilla como un lápiz y un papel la cosa se les complicaba. Pero no era porque ellos no pusieran interés. ¿A quién le gustaba que  lo tuvieran por torpe e inútil si hubieran podido tejer a la misma velocidad y con la misma destreza que los demás?

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Por cierto, que los pequeños tejedores habían observado que cuando a uno de ellos no les salían los dientes perfectamente alineados, les ponían unos extraños alambres , pero nunca les reñían por eso. Lo mismo pasaba cuando alguno no veía bien. Les ponían unos cristales enganchados a la nariz y a las orejas, pero nunca les recriminaban por ello. En cambio, si tenían problemas para recordar el orden en el que debían tejer las palabras para que tuvieran sentido o si una vez tejidas no eran capaces de entender qué significaban, entonces se enfadaban, les reñían y, a veces, hasta les quitaban algunos de esos aparatos con los que se divertían y se sentían que eran como los demás. La verdad es que no había quien entendiera a los adultos. Para una cosa que hacían igual de bien que los demás, iban y se los confiscaban hasta que fueran capaces de tejer mejor.

La existencia de un Taller donde se pudieran arreglar las palabras fue un gran descubrimiento para estos pequeños habitantes, especialmente porque les ayudaba a aprender arreglando los motivos por los que les costaba tanto tejer bien, y, además, porque se hacía con uno de sus aparatos favoritos. Para muchos tejedores adultos fue también un descubrimiento el tomar conciencia de algunas de las leyes injustas del país. También de lo injusto que era enfadarse con los habitantes pequeños que no sabían tejer correctamente, cuando nunca se enfadaban con aquellos que no veían bien o que no tenían los dientes debidamente alineados. En estos casos se limitaban a darles los medios para solucionar estos problemas, que era lo mismo que necesitaban los pequeños aprendices de tejedores, medios para aprender a tejer palabras adecuadamente. Los tejedores adultos también se dieron cuenta de que ellos sabían tejer palabras en papel, pero no siempre sabían tejer palabras en el corazón, palabras de ánimo y de reconocimiento para que sus pequeños vástagos crecieran sanos y fuertes no sólo en sus cuerpos sino también en sus almas.

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A medida que los pequeños habitantes mejoraban en el arte de tejer palabras iban mejorando también sus calificaciones en cono, matemáticas, lengua, etc., claro que todos, pequeños y adultos, necesitaron de paciencia para ver los resultados. La paciencia de los campesinos, como decía la tejedora directora del Taller, porque los agricultores para obtener una buena cosecha primero tienen que arar la tierra, regarla, abonarla, quitar las malas hierbas y finalmente esperar que aquella semilla que  sembró el año anterior, se convirtiera en una jugosa fruta, una rica hortaliza o  una hermosa flor.

Y aquí se termina la historia de este Taller donde se aprende a tejer y a reparar palabras, no sólo en el papel, sino también en el corazón.

¿Por qué no avanzan en la escuela al mismo ritmo que los demás?

Un niño o una niña de 6 años, con un entorno familiar y escolar adecuado, tiene un lenguaje expresivo (palabras que usa habitualmente) de unas 2.600 palabras y un vocabulario receptivo (palabras que entiende) de 20.000 a 24.000 palabras.

Un niño adoptado a los 5 años, cuya lengua materna fuera diferente, tendría que aprender un promedio de 54 palabras nuevas todos los días con el fin de igualar las habilidades de comprensión del lenguaje de sus compañeros de 6 años. Además, mientras que el niño adoptado se está poniendo  al día, sus amigos de 6 años, ya han añadido un promedio de 5.000 palabras a su vocabulario.

En resumen, esperar que los niños mayores adoptados alcancen en un plazo de 1 a 2 años a sus compañeros en las competencias del nuevo idioma es un poco complicado.

Lo que suele ocurrir es que mientras los demás alumnos avanzan a un determinado ritmo, ellos parece que se estancan después de un momento inicial sorprendentemente rápido de aprendizaje de la nueva lengua. Esto es debido a lo que se conoce como Déficit Cognoscitivo Acumulativo y es importante conocer sus implicaciones en el aprendizaje escolar para tener expectativas realistas y no ser injustamente punitivos con los niños, tanto desde la escuela como desde la familia.

Feliz 2022

Para el próximo año quiero desearte:

Que hagas más de eso que te gusta hacer.

Que sepas a dónde ir… y a dónde no regresar.

Que sepas lo que has reído… y no lo que has sufrido.

Que no vivas esperando que la vida te espere.

Que no tengas miedo… ten ganas.

Que no vivas esperando, espera viviendo.

Que tengas la valentía de rehacerte cuantas veces sea necesario… y con la gente nueva que haga falta.

Que no te rindas sin dar pelea.

Que recibas abrazos, no ataduras, de esos con sabor a “Estoy contigo”.

Que te piensen a diario y que no haya un día que no te quieran.

Que las ausencias no duelan, que tengas cerca a personas que te den luz en tus días oscuros y te ayuden a dar sentido a los días nublados.

Que te quedes con quien te haga sentir que los lunes son viernes y dónde sea mutuo.

Que no aceptes migajas, naciste persona, no hormiga.

Que si te hacen daño que sea sin querer, no sin quererte.

Que tengas el coraje de no ser como todo el mundo.

Que tus ganas de vivir no caduquen.

Que si la vida te deja sin palabras, cantes.

Que no dejes para mañana lo que puedes amar hoy.

Que tu primer amor sea “Amor Propio”.

Que dónde sea que la vida te haya plantado, florezcas.

Que no te muevas de lo que tiene sentido en tu vida y hagas algo más que existir.

Que cambies el “Tengo” por el “Elijo”. Que disfrutes ahora de la vida, porque no es un ensayo.

Que los 365 días sin estrenar, te pertenezcan.

Que este año seas fuerte, que sigas, que puedas, y si no trae lo que quieres, que te enseñe lo que necesitas.

Que tengas nuevos motivos para besar, para sentir, para vivir.

Que este año 2022 sea más hermoso y maravilloso que todos los anteriores.

Cadena de Whatsapp

DÍA MUNDIAL DEL TEAF

Desde 1999, cada 9 de septiembre se celebra el día mundial del Trastorno del Espectro Alcohólico Fetal. Se dispuso que fuera el día 9 del 9 por los nueve meses de embarazo.

El objetivo es de dar a conocer las consecuencias del consumo de alcohol durante el embarazo y las necesidades de los niños, adolescentes y jóvenes que sufren las secuelas de la ingesta de dicha sustancia durante su gestación. en general.  Porque incluso el llamado “consumo social” puede producir daño al feto y el riesgo se incrementa con un consumo elevado.

Los daños que la ingesta de alcohol produce en el feto son muy numerosos y NO existe un tratamiento específico para el TEAF, por lo que es importante hacer un diagnóstico precoz y una intervención temprana para que los niños reciban ayuda en el aprendizaje escolar y el área social.  Porque de todas las personas con necesidades especiales, aquellas que tienen TEAF son las que menos parece que tengan ninguna necesidad especial. Si no se aportan ayudas a estas necesidades se les puede estar discriminando de una forma totalmente injusta. Por eso es tan importante dotar de los recursos necesarios a adolescentes y jóvenes afectados.

En esta fecha nos unimos a más de 40 organizaciones en 24 países del mundo para concienciar sobre los riesgos de consumir alcohol durante el embarazo y para llamar la atención a las distintas administraciones (educativas, sanitarias, judiciales, etc.) de la importancia de atender las necesidades de este colectivo y de mejorar la calidad de vida de las personas afectadas de TEAF y sus familiares.

Y en este año hemos querido poner el foco en Samuel Cañizares, dibujante y tatuador. Artista polifacético. Por ello compartimos este video realizado por  la Asociación de familias afectadas por el Síndrome Alcohólico Fetal (AFASAF) un magnífico trabajo audiovisual donde expresa sus sentimientos y su mirada del mundo como una persona afectada de TEAF.

VIVIR CON TEAF. Samuel. Por Marga Muñiz Aguilar

Conocí a Samuel poco antes de que cumpliera 18 años. Paradojas de la vida, nos puso en contacto el equipo del Clinic de Barcelona que le hizo el diagnóstico de TEAF, aunque mi consulta estaba a menos de 15 minutos de su casa. Yo hacía años que trabajaba con menores, adolescentes y jóvenes afectados, pero su familia no me conocía a mí ni yo a ellos, a pesar de vivir tan cerca.

Desde el principio me impactaron los dibujos que me enseñaba y a los que él no daba la menor importancia. El desgarro de muchos de los rostros, la minuciosidad de los detalles de cada pliegue de la cara, especialmente los de las personas mayores, la fuerza de las miradas… y también el dolor que había detrás de cada uno de esos dibujos.

Trabajamos durante un tiempo, pero cuando quería ahondar en ese dolor, él lo rehuía. No era el momento.

Hace unos meses retomamos el trabajo, al que se unió también Rafa Llor, ya que trabajamos juntos en La Ventana. Desde el principio vimos el potencial para trabajar su mundo emocional a través de sus dibujos. Y en ello estamos.

Al mismo tiempo empezamos a orientarle profesionalmente en esa dirección. Sus primeros trabajos fueron para algunas familias de La Ventana que le encargaron dibujos de sus hijos hechos a partir de una fotografía. También contactamos con la directora de una galería de arte que le animó a empezar a hacer exposiciones en centros culturales y asociaciones, para dar a conocer su arte. Igualmente le animamos a que terminara sus estudios de Tatuaje y que emprendiera, como autónomo, este trabajo, que ya venía haciendo desde un tiempo atrás. En definitiva, que se centrara en sus potencialidades y no en sus limitaciones.

Desde aquí queremos dar la enhorabuena a su madre, que nunca desfalleció a pesar de muchas experiencias difíciles, desencuentros y conflictos. Lo importante es hacer camino al andar y mirar con esperanza el futuro, sabiendo que ese futuro se siembra en el presente.

Y enhorabuena, especialmente a Samuel, por su esfuerzo, su valentía, sus ganas de salir adelante; por todo lo conseguido y por todo lo por llegar.

Si alguna persona tiene interés en que Samuel le haga un dibujo a partir de una fotografía, puede ponerse en contacto conmigo a través del whatsApp 669 642 832.

Genograma y herencia transgeneracional

Marga Muñiz Aguilar

La conducta, los comentarios, las actitudes que en general tenemos ante la vida, moldean la forma de ser de los hijos, incluso cuando son adultos. Dejamos en ellos una huella en forma de mandatos familiares que, nosotros a nuestra vez, hemos recibido de nuestros padres.

Los mandatos familiares son códigos verbales y no verbales que funcionan como un contrato que se repite de generación en generación dentro de un mismo sistema familiar. Se trata de un contrato que no se firma, cuyas condiciones no se eligen, incluso ni siquiera se es consciente de esas condiciones y que, sin embargo, se siguen de manera automática.

Son mensajes repetidos una y otra vez dentro del sistema familiar: “confiamos en ti”, “te apoyamos”, “haz bien y no mires a quien” o “la gente es muy hipócrita”, “eres un vago”, “no te fíes de nadie”. Son mensajes que van calando en la mente de los miembros del sistema de forma imperceptible.

Hay, por tanto, modelos de familias que transmiten valores positivos y que crían hijos seguros y felices, mientras que otros son disfuncionales. Así, hay familias que nunca dicen a sus hijos que algo está bien hecho porque creen que nunca está suficientemente bien hecho. Hay otras que sabotean. En este caso el mensaje es que no eres bueno para nada. Otras dejan a un lado las necesidades de los hijos para enfocarse en ellos mismos. Cuando un hijo tiene problemas en vez de buscar las causas del problema, el niño es el problema y cuando obtienen buenos resultados les recuerdan constantemente que ha sido gracias a ellos.

Reflexionar sobre aquello que nos han transmitido es un acto de introspección que nos ayudará a detectar aquello que hemos recibido pero que nos hace infelices. Ser familia no implica tener una lealtad ciega a los mandatos familiares. A veces, desafiar y romper los mandatos del clan familiar es una necesidad para nuestro bienestar emocional y el de las generaciones futuras del sistema familiar.

Los niños pequeños absorben de manera natural las creencias y valores del sistema familiar. Al crecer podemos comprobar que algunas de estas creencias juegan en nuestra contra porque esos contratos o lealtades invisibles resultan negativas para nuestro propio crecimiento personal.

A medida que formamos nuestra concepción del mundo podemos alejarnos de aquellas ideas que han predominado en la familia y que se han transmitido de generación en generación si no queremos ser perpetuadores de las carencias del sistema, de sus creencias limitantes y de las expectativas negativas.

El genograma

El genograma es un instrumento particularmente útil para encontrar patrones de problemas hereditarios, conflictos inter o intrageneracionales y pautas de conducta transmitidas dentro del sistema familiar.

Se trata de una representación gráfica de la información básica de, al menos, tres generaciones de una familia. Incluye información sobre su estructura, los datos demográficos de los miembros y las relaciones que mantienen entre ellos.

Es una herramienta muy útil utilizada por distintos profesionales con vistas a hacer una intervención psicológica, médica, pedagógica, psicosocial, etc. Sin embargo, cualquier persona también puede hacer su genograma como forma de autoconocimiento.

El genograma nos lleva hacia nuestra propia historia personal. Dicha historia empezó a escribirse antes incluso de que naciéramos. Como generalmente sólo nos llega una parte de esa información, el resto lo podemos recuperar con este método.

A través del genograma podemos prevenir patrones que se repiten en generaciones anteriores y tomar conciencia de estas dinámicas repetitivas del pasado, que se heredan de manera imperceptible, pero que pueden frenar el crecimiento personal y nos pueden generar infelicidad.

Romper con los mandatos familiares no siempre es fácil, ya que algunas familias transmiten la idea de que cuestionar las creencias y valores de la familia es una traición o una deslealtad. Así, se repiten frases como: “en nuestra familia siempre se ha hecho así”, “eso es inaceptable”, “si lo haces nos avergüenzas”, “eres la oveja negra”, etc., por lo que a veces es difícil dejar de seguir esos mandatos.

En esos casos es recomendable buscar ayuda profesional porque romper con estas relaciones negativas no es sencillo. Hace falta reaprender nuevas actitudes, soltar viejos hábitos, desarrollar roles diferentes, etc.

En el caso de familias adoptivas es importante incluir en el genograma el sistema familiar de origen de los hijos adoptados, aunque se tenga poca información. Las familias adoptivas tenemos que ser conscientes de que en nuestros hijos coexisten dos sistemas familiares: el de origen y el actual. Integrar ambos sistemas es fundamental. Cuando adoptamos nos hacemos cargo no sólo del presente y el futuro de ese niño, sino también de su pasado.

Cómo hacer el genograma

Para hacer el genograma es importante recabar información a familiares y usar una serie de símbolos a través de los cuales se establecen las líneas de parentesco y los patrones de relaciones dentro del sistema familiar.Proporciona un acceso rápido y muy visual a información con fuerte contenido emocional (nacimientos, muertes, abortos, enfermedades, adicciones, conflictos, etc.) dentro de la familia.

Se puede hacer a mano o a través de programas online. Uno de los más conocidos es Genopro, que tiene una versión gratuita.

A continuación vemos algunos de los símbolos habitualmente utilizados.