CÓMO AFECTA AL PRESENTE HABER VIVIDO EN EL PASADO EN UN ORFANATO

La especie humana es altricial, es decir, que los humanos al nacer somos vulnerables e inmaduros y necesitamos un largo tiempo de desarrollo para sobrevivir por nuestra propia cuenta.

Las crías de los seres humanos necesitan durante mucho tiempo cuidados, vigilancia y atención de los adultos de la especie. El periodo entre el nacimiento y el momento en que el bebé ya se desplaza por su propia cuenta se llama exterogestación o gestación extrauterina. Se trata de los segundos nueve meses de gestación de un bebé. El contacto con un cuidador principal durante estos primeros meses de vida son los que favorecen en el bebé la regulación del desarrollo de sus sistemas aún inmaduros al nacer.

La cría de la especie humana nace con un cerebro muy poco desarrollado. Otros órganos como el corazón o los pulmones ya han completado su desarrollo en el momento de nacer, pero el cerebro acabará de crecer y madurar fuera del útero.

En el momento del parto el cerebro tiene solamente el 25% del tamaño que tendrá en la edad adulta y aunque nace con todas las neuronas, el cerebro establece pocas conexiones, ya que eso será fruto de lo que se conoce como el «cableado cerebral», que ocurre en los primeros años de vida, gracias a las interacciones con el entorno, cuando se alcanzan 1.000 billones de conexiones neuronales, la mayor en toda la vida del ser humano.

Cubrir las necesidades del bebé en esa etapa es fundamental para su posterior desarrollo físico, afectivo, neurológico, sensorial, etc. Esta etapa es tan importante como la etapa intrauterina. De hecho, es su continuación. Por ello, las experiencias vividas en los primeros meses de vida son claves para el desarrollo del cerebro. Todo lo que viva y los cuidados que reciba modelaran en gran medida su vida futura. Si se ha sentido cuidado y atendido, se sentirá confiado para salir y explorar el mundo que le rodea.

Pero, ¿y si no ha sido así? ¿Y si ha estado en un orfanato? ¿Y si ha sufrido negligencia, maltrato o alguna forma de adversidad en su infancia temprana?

Observa en el siguiente vídeo qué ocurre cuando un bebé no recibe afecto, estimulación, interacción, etc.

El experimento de la cara inexpresiva

En 1978, Edward Tronick, profesor de la Universidad de Harvard, describió un fenómeno en el cual un bebé después de tres minutos de una infructuosa «interacción» con una madre poco responsiva y sin expresiones faciales rápidamente entraba en un estado de ansiedad.

El bebé hacía intentos por tener una interacción recíproca y sus conductas se encaminaban a obtener una respuesta de su madre. Cuando todos sus intentos fallaban, el bebé se retraía y orientaba su cara y su cuerpo hacia otra dirección.

Este sencillo experimento nos ofrece información muy valiosa acerca de la necesidad de interacción social de los bebés y el papel que esto juega en su bienestar emocional, mostrando la capacidad que tienen de leer señales de los cuidadores principales, siendo extremadamente sensible a los patrones de relación que reciben de su entorno.

Los intentos del bebé de obtener reciprocidad en la interacción con su madre sugiere, además, que los bebés tienen la capacidad de planificar y ejecutar sus conductas para alcanzar su meta: ser atendidos.

En el experimento se pidió a las madres que miraran a sus bebés, pero que mostraran una expresión neutra, que no movieran el rostro y que no les respondieran a través de juegos y carantoñas.

Los bebés, poco acostumbrados a esta falta de respuestas por parte de sus madres, trataron varias veces de iniciar ellos mismo la comunicación, haciendo gestos, moviendo los brazos y, en definitiva, tratando de llamar la atención de sus madres.

Antes de acabar llorando por la falta de respuestas de sus madres, los bebés probaron un promedio de cuatro estrategias diferentes, sin obtener respuestas, por lo que terminaron por enfadarse y desistir.

En el caso de bebés con madres depresivas, durante el embarazo puede provocar efectos negativos en el feto, como una elevación del nivel de cortisol, alteraciones en el funcionamiento hipofisario-suprarrenal y del sistema de endorfinas, mayor frecuencia de prematurez, menos peso al nacer y menor grado de actividad fetal.

Una vez nacidos, cuando se enfrentan a un largo tiempo sin recibir estímulos y respuestas, la investigadora Tiffany Field descubrió que los bebés tienden a imitar la tristeza, la escasa energía, el bajo compromiso, la ira y la irritabilidad de sus madres.

En los casos más severos, si la depresión de una madre sigue durante un año o más, su bebé comenzará a mostrar retrasos constantes en el crecimiento.

Cuando, además, hay negligencia y/o maltrato, según Tronick, cambia la estructura del cerebro en sí, de manera que el pensamiento claro, el control de las emociones y los impulsos y la formación de relaciones sociales saludables se hacen más difíciles.

Es lo que ocurre con niños que se han criado en orfanatos, donde reciben alimentos y cuidados pero donde las interacciones afectivas con juegos y diálogos son escasas o nulas. La inatención de los cuidadores provoca un aumento de la frecuencia cardíaca, un aumento de cortisol, que es la hormona del estrés, y la muerte celular en regiones claves del cerebro.

En estudios posteriores, Tronick demostró cómo bebés de cuatro meses expuestos a este experimento lo recordaban dos semanas después, mostrando cambios fisiológicos a las respuestas negativas, algo que no sufrían los bebes expuestos por primera vez al experimento.

Es importante, por tanto, tener en cuenta todos estos factores cuando trabajamos con niños, adolescentes o jóvenes con problemas de conducta, ya que probablemente fueron bebés con poca o nula conexión emocional con sus cuidadores principales.

Es por esta razón que no suele funcionar con ellos los abordajes conductictas de premios y castigos, ya que les faltan las habilidades cognitivas necesarias para tener interacciones positivas, interacciones  cuyos cimientos se tendrían que haber forjado cuando eran bebés.

Un abordaje de los problemas de conducta de estos menores, adolescentes o jóvenes, basado en la empatía y el entrenamiento de las habilidades cognitivas deficitarias se muestra como un medio más eficaz para generar el cambio deseado, ya que no se sienten enjuiciados y rechazados, sino aceptados, reconocidos y valorados a pesar de las conductas disruptivas que puedan presentar.

Es, pues, muy importante tener presente los resultados del experimento de Tronick para no ser injustamente punitivos con aquellos menores que sufrieron algún tipo de adversidad en la infancia temprana y que les dificulta tener conductas adaptativas en las circunstancias actuales.

Marga Muñiz Aguilar

DÍA MUNDIAL DEL TEAF

Desde 1999, cada 9 de septiembre se celebra el Día Mundial de los Trastornos del Espectro Alcohólico Fetal. Se celebra el día 9 del 9 por los nueve meses de embarazo. ¿Por qué hace falta dedicar un día a los efectos del consumo de alcohol durante el embarazo?

De todas las sustancias tóxicas que una mujer puede consumir durante el embarazo: marihuana, cocaína, heroína, metanfetamina, tabaco o alcohol, éste último, con diferencia, es el que produce mayores daños, ya que el alcohol pasa directamente al feto a través de la placenta. Se trata, pues, de la primera forma de maltrato infantil, ya que se produce durante la vida intrauterina. La paradoja es que su consumo es legal.

En la siguiente infografía se puede apreciar con claridad los efectos que las sustancias tóxicas provocan en el feto y cómo el alcohol es el que más daño provoca: problemas respiratorios, defectos orgánicos congénitos, alto riesgo de padecer síndrome de muerte súbita, llanto excesivo, problemas para dormir, hiperactividad, problemas de aprendizaje, problemas de alimentación, malformaciones faciales, retraso en el crecimiento y bajo peso al nacer. El conjunto de estos efectos se conoce como Trastornos del Espectro Alcohólico Fetal.

 

 

 

Desde 1973, año en el que fueron publicados por primera vez los síntomas del alcoholismo fetal, se sabe que el alcohol durante el embarazo interfiere en el desarrollo del cerebro del feto y afecta en el futuro a su inteligencia, capacidad de aprendizaje, equilibrio emocional y comportamiento.

El alcohol es soluble en el agua y la grasa corporal, por lo que la concentración de alcohol en el bebé es casi igual al de la madre, que no necesita ser alcohólica para dar a luz a un bebé con este síndrome. El riesgo se incrementa con un consumo elevado, pero incluso el llamado “consumo social” puede producir daño al feto, ya que simplemente 20 gramos de etanol ya es perjudicial. Y teniendo en cuenta que un vaso de vermut tiene 21 gramos y dos quintos de cerveza tiene 18 gramos, estas cantidades pueden parecer insignificantes, pero resultan fatales para el bebé.

Aunque muchas mujeres reducen o suprimen el consumo de alcohol durante la gestación, se estima que entre un 25%-50% de las mujeres embarazadas en la Unión Europea continúan consumiendo durante este periodo. En España, un estudio reciente indica que el 40,7% de mujeres embarazadas toma alcohol el primer mes de gestación y el 17,1% sigue tomando alcohol los tres últimos meses.

Por tanto, no se trata de un problema de unos pocos, sino de la sociedad en general. El Síndrome Alcohólico Fetal, la forma más severa del trastorno, se ha convertido en la Unión Europea en la segunda causa de retraso mental, tras el síndrome de Down, siendo la única causa cien por cien evitable.

Cuarenta y cinco años después de haberse publicado los primero datos, tanto la escasa literatura científica sobre el tema, como el desconocimiento por parte de la mayoría de profesionales sanitarios y de la sociedad en general de sus nefastos efectos, muestran que hay una falta de conciencia y de comprensión a nivel mundial del impacto del alcohol en el bebé no nacido. Su prevalencia está precisamente poco cuantificada debido a esta falta de conciencia del problema, lo mismo que las dificultades a la hora de diagnosticarlo y las escasas medidas de protección para las personas afectadas.

Por este motivo, se hace necesario llamar la atención de la sociedad cada 9 de Septiembre por medio de la celebración del Día Mundial de los Trastornos del Espectro Alcohólico Fetal, de las graves consecuencias del consumo de alcohol durante el embarazo.

Este año, por primera vez, varias asociaciones, entre ellas Tolerancia Cero, nos hemos coordinado para dar difusión de los efectos perjudiciales que produce en el feto el consumo de alcohol durante el embarazo y hacer un llamamiento a las distintas administraciones del Estado sobre la necesidad de dar a conocer el Trastorno y reclamar diagnósticos precoces, así como los apoyos necesarios para los menores, adolescente, jóvenes y adultos afectados.

En el siguiente enlace tienes toda la información y la posibilidad de registrarte para asistir al evento que se va a celebrar en el salón de actos de la Delegación del Plan Nacional sobre Drogas en Madrid.

CUANDO APRENDER ES VOLVER A EMPEZAR

En la mitología griega se cuenta que Sísifo fue obligado a cumplir un castigo, que consistía en empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio, una y otra vez.

Esto es lo que, a veces, le ocurre a algunos menores, adolescentes y jóvenes que han sufrido adversidad en la infancia temprana por consumo de alcohol, drogas o tabaco durante el embarazo por parte de sus madres; o han sufrido abandono, negligencia, malnutrición, abusos, etc. Estos alumnos olvidan con facilidad lo que aprenden, se quedan en blanco en los exámenes, tienen problemas para entender las secuencias lógicas como las tablas de multiplicar, los días de la semana o los meses del año; no entienden el principio de causa efecto, les cuesta generalizar lo aprendido, tienen problemas con la gestión del tiempo, el principio de autoridad o el concepto de la propiedad… con lo cual tienen que volver a aprender una y otra vez las mismas cuestiones.

La diferencia con Sísifo es que ellos no son responsables de estas circunstancias y, por lo tanto, cualquier castigo por las dificultades que tienen, por las cosas que olvidan, por los conceptos que no entienden, por todo aquello que tienen que volver a aprender una y otra vez, es totalmente injusto. Y es lo que suele hacer el sistema educativo con ellos. Sancionarlos por no ser capaces de llegar a la cima.

Pero volver a empezar una y otra vez a aprender, como el mito de Sísifo, no necesariamente tiene que significar la incapacidad de una persona para alcanzar su objetivo, sino que también puede simbolizar la necesidad de desarrollar, perfeccionar y comprender sus esfuerzos. Ahí está nuestro reto como educadores con aquellos alumnos y alumnas que han sufrido alguna forma de adversidad en sus infancias tempranas y para los que aprender significa volver a empezar una y otra vez.

En el siguiente enlace podéis ver la ponencia que sobre este tema presenté en el “III Congreso Internacional de Educación Motiva, Crea, Aprende.CIMCA18″, celebrado en Madrid del 2 al 5 de Julio.

https://tv.urjc.es/video/5b4c7e4fd68b14ae578b459a