Tolerancia Cero

Todo niño o niña adoptado ha sufrido, al menos, el trauma de la separación de la madre biológica, pero mientras la mayoría no tiene problemas para vincularse con su familia adoptiva, otros sí los tienen. Si al primer abandono le sumamos negligencia, abusos, malos tratos o el paso por distintas instituciones, los efectos negativos se agravarán.

Tolerancia Cero

Aunque muchas personas piensen que con mucho amor y aceptación, el niño/a adoptado va a emprender una nueva vida que le hará olvidar las experiencias traumáticas, negligencia emocional o maltrato institucional que previamente haya podido experimentar, lo cierto es que se necesita un trabajo de elaboración para superarlo, en el que la familia adoptiva juega un importante papel reparador.

Tolerancia Cero

La genética, un ambiente estimulante y una nutrición adecuada son factores fundamentales para el desarrollo cognitivo. La desnutrición y los efectos negativos en el cerebro durante el embarazo y los primeros años de vida pueden ser permanentes e irreversibles.

Tolerancia Cero

De todos los niños con necesidades educativas especiales, aquellos que han sufrido abandono, negligencia o maltrato, tanto intrauterino como en los primeros años de sus vidas, son los que menos parece que tengan ninguna necesidad especial. Si no se aportan ayudas a estas necesidades, el sistema educativo puede ser injustamente punitivo con ellos.

Drogas

El riesgo del consumo de drogas es evidente en cualquier persona pero más todavía en el caso de las mujeres embarazadas. Las cuatro drogas ilegales más consumidas son: marihuana, éxtasis y otras anfetaminas, heroína y cocaína. Su consumo durante el embarazo supone riesgos para el bebé.

Generalmente las drogas pueden hacer que haya un mayor riesgo de aborto, que el bebé tenga bajo peso, que sea prematuro, que tenga malformaciones congénitas, problemas de aprendizaje y de conducta, etc.

Las malformaciones y defectos más comunes en los bebés cuyas madres consumen drogas durante el embarazo son: espina bífida, atresia de esófago, ausencia de ano, rotura de la pared abdominal, alteraciones cardiovasculares y malformaciones renales y urinarias.

Efectos del cannabis

El hachís y la marihuana atraviesan la barrera placentaria y pueden provocar:

– Bajo peso en el recién nacido.

– Alteraciones en las funciones cognitivas y mentales del bebé.

– Aparición de trastornos de atención e hiperactividad.

El consumo de marihuana en el embarazo puede retrasar el crecimiento del feto y puede aumentar la posibilidad de tener un parto prematuro.

Una vez nacidos, los bebés expuestos a la marihuana durante el embarazo, presentan síntomas de dependencia, como temblores, trastornos del sueño y llantos excesivos.

Una mayor sensibilidad a la estimulación, patrones de sueño deficientes y mayor dificultad en la adaptación al tacto y cambio de entorno son otras de las características que presentan estos bebés.

Efectos de las anfetaminas y las drogas de síntesis

El consumo de este tipo de drogas ha aumentado en los últimos años. Los estudios al respecto son pocos pero revelan que el consumo de estas drogas tiene un efecto negativo en el crecimiento fetal, aumentando el riesgo de defectos cardiacos, congénitos y fisura palatina con labio leporino por el consumo de estas drogas.

El bajo peso de estos bebés puede desencadenar en una mayor probabilidad de tener otros problemas, entre ellos de aprendizaje.

Efectos de la cocaína

En los primeros meses de embarazo la cocaína puede aumentar el riesgo de aborto espontáneo y en los últimos un parto prematuro con inmadurez fetal.

El bajo peso también es una característica de los hijos de madres que consumen esta droga. Los niños con bajo peso al nacer o de partos prematuros tienen una mayor probabilidad de tener problemas cognitivos, hiperactividad, trastornos de personalidad y mayor predisposición a padecer trastornos neuropsiquiátricos en la edad adulta.

En lo que respecta a la madre, el consumo de cocaína puede causar desprendimiento de placenta. De ocurrir esto, se corre el riesgo de que no llegue al bebé oxígeno suficiente, con las consiguientes consecuencias en su desarrollo neurológico.

Efectos de los opiáceos

Los embarazos de mujeres que consumen opiáceos son considerados como de alto riesgo, ya que son más frecuentes los abortos espontáneos, los partos prematuros o con retraso del crecimiento, así como las muertes fetales intrauterinas.

Otros problemas que se pueden dar son el bajo peso al nacer con problemas de incapacidades permanentes, problemas respiratorios y defectos congénitos.

Una vez nacidos, pueden presentar diferentes síntomas como dependencia en los tres días después de nacer, estornudos, irritabilidad, diarrea, vómitos, llanto continuo, convulsiones y fiebre. Entre el 60% y el 80% de los nacidos de madres heroinómanas presentan en el momento del nacimiento un síndrome de abstinencia y posteriormente problemas de aprendizaje y de conducta.

La mayoría de las personas que consumen esta droga comparten jeringuillas, de forma que existe riesgo de contagio por el virus del SIDA y el de la hepatitis C. Al contraer estas enfermedades, las probabilidades de transmitirlas al bebé durante el embarazo o el parto son altas.

Tabaco

El consumo de tabaco provoca una reducción del peso, talla y perímetro craneal del recién nacido, ya que la nicotina atraviesa la placenta y actúa directamente sobre el embrión y el feto durante su desarrollo, condenando al feto a una peor nutrición, al reducir el aporte sanguíneo a la placenta. Los niños que han sido expuestos al efecto de la nicotina durante el embarazo tienen mayor riesgo de padecer afecciones respiratorias, como el asma, y alteraciones neurológicas y de comportamiento, entre las que se incluyen, dificultades de atención, impulsividad e hiperactividad.

Estudios recientes también han puesto de manifiesto que el consumo de tabaco durante la gestación produce un efecto directo en la predisposición a fumar al llegar a la adolescencia. Investigadores de la Universidad de Queesland (Australia) han llegado a esta conclusión tras estudiar a más de 3.000 madres y a sus hijos en un trabajo a largo plazo que comenzó en 1981 y concluyó cuando los niños nacidos cumplieron 21 años.

Durante ese tiempo pudieron ver los diferentes hábitos de los hijos de madres fumadoras que no dejaron el tabaco en la gestación, de aquéllas que lo abandonaron durante los nueve meses y de las que nunca fumaron. Los resultados son esclarecedores: la proporción de jóvenes que empezó a fumar antes de los 14 años se triplicaba en los hijos de madres fumadoras y se duplicaba después de esa edad.

Lo más sorprendente es lo que ocurrió con los adolescentes cuyas madres dejaron de fumar en la gestación y continuaron con su hábito tras dar a luz. El comportamiento de estos chicos fue similar al de los jóvenes de madres que nunca fumaron. Es como si la exposición prenatal al tabaco pudiera ‘programar’ a los futuros fumadores.