¿SIEMPRE ES TDAH?

 

Hoy día el diagnóstico de niños y niñas con TDAH constituye un fenómeno muy generalizado en países desarrollados. Se trata de una verdadera “epidemia”, tal como lo demuestran las cifras cada vez más altas de venta de medicamentos administrados para su tratamiento.

Sin embargo, cada vez hay más profesionales que denuncian que el denominado Trastorno de Atención con Hiperactividad es un constructo, es decir, una hipótesis de trabajo de difícil definición, que no cuenta con bases científicamente fundadas y, en consecuencia, mucho menos se justifica como diagnóstico para la prescripción de sustancias psicotrópicas.

En cualquier caso sería conveniente tener presente el informe que emitió en 2010 el Comité de Derechos del Niño de la Organización de Naciones Unidas, en el que manifestó expresamente su preocupación por la hipermedicación a la que se estaba sometiendo a los niños españoles en edad escolar.

Y esto es así porque, en realidad, el TDAH se ha convertido en un cajón de sastre donde se mete a todos aquellos niños que tienen problemas para aprender y que, por lo tanto, se muestran inquietos y distraídos, sin tener en cuenta que detrás puede haber situaciones estresantes. Pocas veces se tiene en cuenta que detrás de la dificultad de algunos niños para concentrarse o para controlar su impulsividad puede haber situaciones tales como divorcio, emigración, violencia doméstica, período de adaptación tras una adopción, etc., e incluso, simplemente, la vorágine de la vida actual.

Muchas veces, al no poder gestionar adecuadamente la angustia que estas situaciones les provocan se muestran desatentos y desmotivados, o las descargan compulsivamente y es entonces su cuerpo el que habla por ellos.

En el caso de menores adoptados hay que tener en cuenta una serie de circunstancias antes de diagnosticar un trastorno como el TDAH.

En primer lugar, cuando la madre biológica ha ingerido teratógenos (alcohol, drogas y tabaco) o no se ha nutrido adecuadamente durante el embarazo, el sistema neurológico del feto no se ha desarrollado en las condiciones adecuadas, provocando déficits que aparecerán posteriormente en la infancia, adolescencia y juventud e impedirán, en los casos más graves, llevar una vida autónoma durante la edad adulta. Muchos de estos comportamientos tienen puntos en común con la hiperactividad, pero son de un calado más profundo y una trascendencia mayor, ya que, en ocasiones, se deben a trastornos  neurológicos irrecuperables. En el caso del consumo de alcohol durante la gestación estaríamos hablando del Trastorno del Espectro Alcohólico Fetal (TEAF).

En segundo lugar hay que tomar en consideración que la institucionalización produce, dependiendo de la duración y la calidad del tiempo de permanencia en el orfanato,  dificultades en la autorregulación de la conducta, que se puede traducir en precipitación, impulsividad, dificultades para esperar turnos, conductas agresivas, falta de hábitos sociales, etc.

También hay que tener en cuenta que la adaptación tras la adopción es un proceso complejo, en el que, a veces, se puede sentir desorientado, inquieto, excitado, pudiéndose mostrar incluso provocativo.

Se puede tratar también de situaciones de duelo no resueltos en relación a su familia biológica, su lengua o su cultura de origen, problemas de vinculación con su nueva familia, miedo a un nuevo abandono, etc. que pueden manifestarse a través de conductas disruptivas, problemas de atención, conflictividad con las figuras de autoridad, etc.

Por estas y otras muchas razones, antes de patologizar al menor, conviene orientar a la familia y darle recursos para enfrentar estas situaciones que pueden estar desbordando al niño/a.

También sería importante hacer un abordaje de los problemas de conducta desde un punto de vista cognitivo y no a través de un programa basado en el principio de recompensas y castigos, ya que a estos niños no les falta motivación para controlar sus impulsos, sino la habilidad para hacerlo. El abordaje cognitivo parte de la base de que el niño no se porta bien porque no puede, con lo cual la solución se centra en capacitarlo para que lo consiga, en vez de castigarlo por no conseguirlo.

También nos deberíamos preguntar cómo influye en los problemas de aprendizaje el vértigo de la vida cotidiana que nosotros mismos como sociedad estamos propiciando, porque el niño no es el único actor en el proceso de aprender.

Padres y madres desbordados por la dificultad de conciliar la vida familiar y laboral; niños y niñas a cargo de múltiples cuidadores con criterios educativos diferentes; profesores superados por alumnos que no respetan su autoridad; un medio ambiente en el que la palabra ha ido perdiendo valor frente a estímulos visuales de tiempos breves y rápidos a los que los niños se van habituando desde muy pequeños con los video-juegos, los ordenadores, la televisión, etc., donde los mensajes suelen durar unos segundos, mientras que en la escuela la actividad está centrada en la escritura y la lectura, que requieren tiempos lentos y pausados.

Todos estos hechos no son ajenos al aumento de niñas y niños inquietos, desatentos y desmotivados, por lo que antes de patologizarlos con un diagnóstico de TDAH habría que plantearse si algunas de estas circunstancias no están detrás de sus comportamientos.

Día Internacional del SAF

Desde 1999, cada 9 de septiembre se celebra el día mundial del Síndrome Alcohólico Fetal. Se celebra el día 9 del 9 por los nueve meses de embarazo.

El objetivo es de dar a conocer las consecuencias del consumo de alcohol durante el embarazo y las necesidades de los niños, adolescentes y jóvenes que sufren las secuelas de la ingesta de dicha sustancia durante su gestación.

El alcohol es soluble en el agua y la grasa corporal, por lo que la concentración de alcohol en el bebé es casi igual al de la madre, que no necesita ser alcohólica para dar a luz a un bebé con este síndrome. El riesgo se incrementa con un consumo elevado, pero incluso el llamado “consumo social” puede producir daño al feto, ya que simplemente 20 gramos de etanol ya es perjudicial. Y teniendo en cuenta que un vaso de vermut tiene 21 gramos y dos quintos de cerveza tiene 18 gramos, estas cantidades pueden parecer insignificantes, pero resultan fatales para el bebé.

Aunque muchas mujeres reducen o suprimen el consumo de alcohol durante la gestación, se estima que entre un 25%-50% de las mujeres embarazadas en la Unión Europea continúan consumiendo durante este periodo. En España, un estudio reciente indica que el 40,7% de mujeres embarazadas toma alcohol el primer mes de gestación y el 17,1% sigue tomando alcohol los tres últimos meses.

Por tanto, no se trata de un problema de unos pocos, sino de la sociedad en general. El Síndrome Alcohólico Fetal se ha convertido en la Unión Europea en la segunda causa de retraso mental tras el síndrome de Down, siendo la única causa cien por cien evitable.

Los daños que produce en el feto son muy numerosos: anomalías faciales características, trastorno del neurodesarrollo, microcefalia, deterioro intelectual (leve a moderado retraso mental), déficit de atención, hiperactividad, malformaciones cardíacas, tendencia al abuso de drogas y alcohol en la adolescencia y juventud, dificultades con el cumplimiento de las normas y en la aceptación de la autoridad, problemas con la justicia, dificultades para gestionar el dinero y el tiempo, dificultades para llevar una vida autónoma en la edad adulta, etc.

La incidencia del SAF en cada país varía. En España se calcula que puede afectar a 2 de cada 1.000 recién nacidos vivos, pero los Trastornos del Espectro Alcohólico Fetal (TEAF), que cursa con síntomas más sutiles (déficit de atención, dificultades de aprendizaje y alteraciones del comportamiento, que suele estar asociado a fracaso escolar e inicio precoz del consumo excesivo de alcohol), pueden afectar a una población 10 veces mayor.

En cuanto a la población adoptada, no hay datos oficiales, pero los niños procedentes tanto de adopción nacional como internacional, especialmente los de los países del Este, forman un número significativo de afectados por el Síndrome Alcohólico Fetal. En concreto, puede haber en torno a 20.000 menores adoptados procedentes de lo que se conoce como “el cinturón del vodka” (Rusia, Bielorrusia, Ucrania y ex repúblicas soviéticas). Según datos de otros países donde el problema está más estudiado, como es el caso de Suecia, el SAF afecta al 50% de los casos.

No existe un tratamiento específico para el SAF, por lo que es importante hacer un diagnóstico precoz y una intervención temprana para que los niños reciban ayuda en el aprendizaje escolar y el área social. Igualmente importante es dotar de los recursos necesarios a adolescentes y jóvenes afectados.

De todas las personas con necesidades especiales, aquellas que tienen SAF son las que menos parece que tengan ninguna necesidad especial. Si no se aportan ayudas a estas necesidades se les puede estar discriminando de una forma totalmente injusta.

Tolerancia Cero se une en esta fecha a más de 40 organizaciones en 24 países del mundo en la campaña promovida por la Alianza EUFASD , que pretende concienciar sobre los riesgos de consumir alcohol durante el embarazo y para llamar la atención a las distintas administraciones (educativas, sanitarias, judiciales, etc.) de la importancia de atender las necesidades de este colectivo y de mejorar la calidad de vida de las personas afectadas de SAF y sus familiares.

 

Alianza Europea del Saf

Campaña mundial Too Young to drink